Voices from Childhood

        A mis padres:

A veces es tanto el dolor, el sentimiento, la confusión, el sufrimiento, el odio, que no se por donde empezar o si valdrá la pena hablar de ello.

No saben cuanto daño me hicieron, cuantas heridas abiertas he tenido durante años y años.

En esta etapa de mi vida que está tan difícil me siento tan débil, como cuando tú me golpeabas, me siento tan impotente. Recuerdo que siempre para ti era " una soberana imbécil " una "sobemba " (puedo escuchar tus gritos y ver tu rostro de rabia desmedida aún este momento ) para ti era alguien que no sabía pensar, ni sentir, ni mucho menos decidir en mi vida propia; tú te encargaste siempre de hacerme sentir " culpable ",  culpable de todo.

Es esta angustia, esta zozobra que me agobia la que no me deja estar en paz.

A veces no puedo creer la fuerza tan grande que tuve para criar a los niños, que son tan seguros, tan felices con sus decisiones, tan libres. Y ahora que estoy sola, que aparentemente soy libre, que he cumplido como madre, no tengo la fuerza para luchar en mi interior contra todas tus injusticias... nunca me quisiste... en cada paliza casi me medio matabas y obviamente siempre era culpable. Culpable ante ti, culpable ante la sociedad, culpable en tu religión.

No quiero más este sentimiento, no quiero más esta desolación, no quiero que esta niña asustada por tus gritos, por tus golpes, por tus humillaciones, por tus maldiciones   -  porque... ¡ valla que me maldecías a cada rato !  ¡ Cómo me decías que nunca iba a hacer nada ! , ¡ cuántas veces me dijiste que era una  " vívora maldita " ! nunca creíste, ni admitiste que yo pudiera ser más madre que tú, dando amor y libertad a la vez  -

No quiero que esta niña siga sufriendo por tu culpa.  Has creado en mi interior un enemigo que me quiere siempre opacar, que no tenga fuerza, que siempre tenga casi de favor pedir que me amen, que tengo que hacer mil cosas a fin de que los demás me acepten y me aprueben, sin aceptarme por mi misma ; este desvivirme para los demás a fin de que me valoren, a fin de sentirme aceptada, ese temor tan grande de sentirme rechazada, ese luchar incansable por no sentirme culpable de todo, por no sentir que estorbo.

Odiabas que mis abuelos  me adoraran así como mis tías y mis padrinos también. Si bien fui " reina de la primavera en la escuela " a los cinco años, decías que eso me había hecho odiosa y maldita.  Cómo recuerdo que a los 20, a los 30, a los 40 de una forma u otra, enferma o no estuvieras, querías decirle a todo el mundo que la mala y la perversa era yo.

¡ Ya no !  ¡  Ya no  !... yo quiero rescatar a esa niña, esa niña que tú enseñaste a ser tan dura consigo misma, esa niña que cree que nunca es merecedora de un poco de amor, esa niña que muchas veces no encuentra su lugar, esa niña que cuando se trata sólo de ella cree que no tiene la fuerza.

¡ Ya basta!!!... los recuerdos, tu voz, tus gritos enloquecidos, han estado grabados en mi corazón, así como tus caras de odio y de maldición hacia mi.  Tus dientes fruncidos de coraje, al decirme y al destilar tanto rencor y desaprobación por todo.

Un sólo cumpleaños tuyo feliz, no recuerdo, no tengo, siempre me dijiste, que yo te había hechado a perder tu día, porque te dí un regalo horrible, que según tú no valía la pena, que no era digno de ti, que eso era muy corriente para ti que eras mi madre o porque según tú te había hecho enojar en cualquier cosa que no te pareciera,  recuerdo muy bien que me decías " tenías que hacerlo hoy, si no cabe duda que eres una maldita "

Siempre fui una niña triste, una niña castigada en casa o en la escuela pues tú hablabas con las monjas para decir que me había portado muy mal y que querías que me dejaran sin recreo, fui una niña burlada por mis compañeras pues cuando me dabas de cinturonzazos en las piernas me iba al colegio con el cinto marcado y las niñas se reían de mi.

Te acuerdas cuando nos sacabas a la calle con el cinturón por toda la cuadra y éramos la burla de todos los niños ???

Cuanta desolación sentía, muchas veces si no es que siempre, pensaba que tal vez nunca fuera feliz en mi vida, no sabía de un día tranquilo, en paz, sin gritos, sin juicios, sin sentencias, tu me decapitabas a cada rato .  No tenía ni la menor idea de lo que era tener o sentir paz.

Siempre me acostaba con el temor de que algo había hecho mal y recuerdo que muchas veces ya acostada o semi dormida me levantaste arrastrándome para golpearme hasta que te cansabas, así daba la madrugada y al día siguiente iba a la escuela golpeada y con los ojos súper hinchados de tanto llorar.

Cuántas, cuántas veces me dijiste, que tenía el demonio adentro metido, que era una " infeliz arrastrada " cuántas veces me metiste a la tina para bañarme con estropajo para que se me salieran los demonios.

Nunca tuve una amiga verdadera en la escuela, pues cuando no estaba llorando, tenía las marcas del cinturón en la piernas.  Siempre estaba con el " Jesús en la boca " de que... ¿ Qué había hecho mal ahora ?

Nunca entendí porque me odiabas tanto, nunca hasta la fecha he concebido tanto odio hacia una hija.

Yo soy madre ahora de dos adultos y lo que más deseo y hago es amarlos, apoyarlos, consentirlos, estimularlos.

Pero todo esto no lo puedo hacer conmigo misma.

Los dolores de mi cuerpo a veces son insoportables, los dolores de mi alma son los mismos de cuando era niña.

Me he sentido tan desvalida últimamente, tan desprotegida, sin nadie que te abraze, sin nadie que te diga no te apures, no estas sola.

No quiero más seguir así, no seguirás a estas alturas de mi vida y además muerta, haciéndome tanto daño. No permitiré que me quieras hundir como siempre fue tu propósito.

Hoy he decidido que saldré de ese hoyo de donde me tienes amedrentada, atemorizada, porque según tú , yo no tengo el valor para salir adelante.

No permitiré que tu odio sea más fuerte que mi anhelo de vivir. Cuánto daño nos has hecho a todos, pero no más... No conmigo.

Me reconciliaré con mi niña, la abrazaré en mi regazo, la consolaré, le diré cuán valiosa es ella, cuán hermoso su corazón y cuanto vale; la fortaleza tan grande que ha tenido para crear dos seres diferentes.

Devolverle su seguridad en si misma, decirle lo alegre que es, las habilidades y los dones que tiene, decirle que puede vivir tranquila, que no tiene porque sentir temor de nada, que ella merece ser amada, mimada, que no le pertenece ese sentimiento eterno de culpabilidad.

Hace 27 años cuando mi hermano me dijo que te perdonaba todavía más a ti que a mi padre, por supuesto que no lo entendí.

Pero después cuando mi otro hermano me lo llevó a mi hogar y me lo dejó desapareciéndose durante 11 años... fué otro shock tremendo para mi y otra decepción tan grande.

No puedo creer tanto egoísmo, tanta soberbia, tanta crueldad, como es posible que un padre no le dirija la palabra a su hija en todo un fin de semana, hasta entonces me dí cuenta de que nunca me había abrazado, que nunca me ha dicho " te quiero " que nunca me había dado un beso o me había hecho una caricia.

Que siempre fue tu cómplice incondicional con ese silencio sordo que acostumbra pero que sólo abre la boca para juzgarte, para culparte, para hacerte sentir mal.  Cómo pude ser tan ciega de no ver que era un monstruo igual o peor que tú.

Por su manera de ser, por su actitud de siempre lavarse las manos, Alfonso nunca lo perdonó, nunca ni siquiera quería casarse y mucho menos ser padre... decía que le daba pánico la responsabilidad tan grande que eso implicaba, lo hizo un cobarde para la vida y un amargado sin amor.

Ojalá que durante estos 26 años que tiene desaparecido, su vida haya cambiado pues aunque me duele en el alma no verlo, ni saber de él, será mejor que no vea la forma en que ha terminado mi padre, así como la vida que lleva mi hermano, repitiendo todos los patrones nefastos que ustedes ejemplificaron.

El día que estabas tendida yo lloraba desconsoladamente en mi interior pero no por tu muerte física, sino porque durante 51 años habías estado muerta para mi.

Durante los meses siguientes a tu muerte, yo tuve varios enfrentamientos con mi padre, diciéndole y reclamándole su actitud comodina para con sus hijos, la cual nunca aceptó y siempre decía que no quería escuchar, pero a pesar de ello lo hice y creo que me ayudó mucho para ese cambio de una ciudad a la otra, tan radical y ya sin él, pues se quedaba con mi hermano quien después de 11 años había aparecido.

Ahora se presenta otro cambio muy drástico en mi vida, dejar mi país, dejar un hogar que yo formé con mis hijos, el cual de niña, de adolescente, de jóven y aún de adulta perdí muchas veces con ustedes dos y con mi ex-esposo.

Yo y los peques lo volvimos a construir y el quitar todo esto para ir a un pais diferente, es como derrumbar lo único que he construido yo en mi vida, " mi hogar ",  " mi rincón ",  " mi espacio ", " mi independencia ", " mi libertad ".

Ruth

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